Salvador Allende: Una lección de democracia

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En Chile, un país angosto y largo al final de Sudamérica, el mundo de izquierda celebró los 50 Años del triunfo electoral del socialista Salvador Allende, que en plena guerra fría llegó a la Presidencia de la República en forma democrática y en libertad. Reflexionar a 50 años de este momento histórico y de lo que significó este proceso no solo en Chile, sino que en el resto del mundo, nos parece fundamental para constatar la vigencia de Allende de su pensamiento político y democrático, su coherencia y el sentido de justicia social que se propuso para su gobierno.  Allende 50 años después nos interpela a rediseñar y a fortalecer el proyecto progresista que todos anhelamos para construir sociedades más justas, equitativas y solidarias donde abordemos los nuevos desafíos que debemos enfrentar en el presente para caminar hacia un futuro mejor.

Por Marcela Ahumada, Directora Ejecutiva FSA

Salvador Allende gobernó solo de 1970 a 1973, su período presidencial fue abruptamente quebrado por una cruel y sangrienta dictadura militar que se mantuvo por 17 años en el poder.  A pesar del poco tiempo que gobernó, su mandato tuvo importantísimos logros que cambiaron el rostro de Chile, como fue el fin al latifundio con una profundización a la Reforma Agraria y con la nacionalización de la principal riqueza de nuestro país que es el cobre.

Estas reformas eran un anhelo del pueblo que durante décadas vivió en el abuso de los más poderosos.  Allende supo escuchar e interpretar las necesidades del país e invitó a la población a participar activamente en lo que fue todo el proceso de construcción del gobierno, la llamada “vía chilena al socialismo”.

Si algo caracterizó a Allende fue su lealtad con el pueblo, su convicción de ver imposible el desarrollo del país sin para avanzar en una mejora real de las condiciones de la gente que se traducía en educación de calidad, derechos laborales, buena salud, jubilaciones dignas y una vivienda donde se pudiera desarrollar la familia.  Por primera vez en la historia de Chile, la clase trabajadora se sintió parte de un proyecto social y político en plena igualdad de condiciones.  Allende gobernó con el pueblo y para el pueblo.

En el primer aniversario de gobierno, el 4 de septiembre de 1971, Allende hace una intervención en un acto de masas señalando: “La democracia y la libertad son incompatibles con la desocupación, con la falta de vivienda, con la incultura, con el analfabetismo, con la enfermedad.  ¿Cómo se afianza la democracia?  Dando más trabajo. Redistribuyendo mejor.  Levantando más viviendas.  Dando más educación, cultura y salud al pueblo”.

El legado de Salvador Allende, no se limita a otorgar una verdadera participación al mundo social en temas de interés público, sino por el contrario, avanza hasta buscar la unidad de la izquierda para poder llevar a cabo su proyecto a través de la coalición de la Unidad Popular.

Allende busca incansablemente la unidad de la izquierda con transparencia y con un profundo respeto para abordar las diferencias que surgen en el proceso.  Hoy cuando vemos con estupor lo que ocurre en diferentes países del mundo, con dictaduras, con nacionalismos y populismos, con derechas que no logran entender que el crecimiento económico por sí solo no garantiza una mayor distribución, con una degradación del tejido social, con  la fragmentación de la izquierda y del mundo progresista, es necesario volver a reinterpretar lo que Salvador Allende nos legó. Necesitamos unidad, compartir nuestros acuerdos y procesar en forma democrática  nuestra diferencias por un bien superior, que es la dignidad del pueblo.

Finalmente, es fundamental reencontrarnos con convicción y creatividad buscando nuevas formar de articular lo social y lo político con el objetivo de ir profundizando, entre todos, nuestros sistemas políticos y democráticos. Necesitamos más y mejor democracia para combatir el individualismo que ha permeado a nuestras sociedades y países.  En forma colectiva será más fácil avanzar por el bienestar común, todos y todas somos necesarias/os para   la construcción de un proyecto social progresista, nadie sobra.

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