Para superar la crisis: ir a una democracia participativa (opinión)

por Francisco J. Estévez, Director Museo de la Memoria
En términos generales hay tres afirmaciones de validez previa para esta propuesta. La primera: Lo que está en crisis no es la democracia como sistema político sino el modelo de democracia elitaria que se estableció en el país en el período posdictarorial. La segunda: Ya no es posible separar la agenda social del orden constitucional vigente. Lo que se ha puesto en el debate transversal es un cambio sistémico que supera con mucho los anuncios puntuales de una mejora u otra. La tercera: La militarización del conflicto – con estado de emergencia o bien con la convocatoria para que intervengan políticamente los comandantes de las fuerzas armadas – revela la incapacidad del Gobierno de convocar a una salida consensuada a la crisis.
Para concordar una salida política que sea sostenible deben considerarse los siguientes indicadores:
- La Constitución de 1980 (Reformada), esto es, la carta constitucional legalmente vigente, ya no tiene legitimidad cultural. Tiene a su favor el imperio de la ley, y en su contra la creciente desafección ciudadana. ¿Por qué? Porque el régimen que prevalece institucionalmente en Chile no se condice con las transformaciones que nuestro país necesita para ir de una democracia elitista a una democracia participativa, de un crecimiento con desigualdad estructural a uno que sea equitativo y sustentable, de una jerarquía de privilegios a un desarrollo inclusivo con enfoque de derechos.
- Ya no basta con afirmar que las “instituciones deben funcionar” como garantía de normalidad si es que el orden económico y social abusivo se sigue reproduciendo “normalmente”, es decir, con una jerarquía de privilegios y desigualdades abismantes. Las instituciones deben funcionar para producir un orden republicano distinto. La superación institucional de la república elitista y de la Constitución en que ella se sostiene debe orientar la voluntad transformadora de la ciudadanía puesta en movimiento.
La responsabilidad política que debe animarnos para salir constitucionalmente de la actual crisis de gobernabilidad – y aquí nos referimos a todos quienes nos oponemos a la lógica de guerra- es abrirnos resueltamente a la formación institucional de una democracia con un empoderamiento participativo de la ciudadanía.
La dimensión participativa de la democracia no se opone a su dimensión representativa; su contradicción determinante es con la democracia elitista. Más claro: la participación real, esto es, con un poder ciudadano efectivo en el funcionamiento de las instituciones políticas, posibilita que la dimensión representativa de la democracia no se elitice como una práctica excluyente de las mayorías y funcional a las desigualdades.
Foto: Sergio Benavides



