El día que Salvador Allende fue nominado candidato a la presidencia de la República de Chile

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Hace 50 años atrás Salvador Allende fue elegido como candidato presidencial por los partidos que integraban la Unidad Popular, el 22 de enero de 1970. La coalición política estaba conformada por socialistas, comunistas, radicales, ex–democratacristianos en el MAPU, ex–radicales en los socialdemócratas y el partido de Acción Popular Independiente (API).

Por Henry Saldivar C.

Su composición ideológica rebasaba la izquierda clásica. Por eso se esperaba que la votación arrojara algo más que el tercio acostumbrado. La UP nació el 9 de octubre de 1969 y el 17 de diciembre de ese año presentó su Programa Básico de Gobierno. Estaba todo dispuesto, aunque faltaba el gran detalle: elegir un candidato para las grandes tareas que se proponía esta nueva coalición política y social.

Allende había postulado tres veces a la Presidencia de la República de Chile. Era difícil una cuarta vez, sabía de las debilidades y fortalezas de su condición. Era Presidente del Senado y tenía una posición privilegiada para observar y participar de los grandes acontecimientos del país.

En marzo de 1969 había realizado un largo viaje que lo llevó a conocer a Ho Chi Minh y el significado de la lucha del pueblo vietnamita. De regreso a Chile estuvo unos días en La Habana, donde tomó conocimiento que un grupo de independientes de izquierda lo había proclamado como su candidato presidencial y que le preparaban una recepción a su regreso. Sin embargo, a través de Prensa Latina agradeció el gesto, pero indicó que lo más relevante era abocarse al programa y la composición del frente político capaz de ganar las elecciones.

Como era su costumbre, cuando le consultaron si nuevamente sería candidato a la presidencia, declaró “(…) He respetado a mi partido y siempre lo haré. Cumpliré con el mandato que mi partido me dé. Si voy a ser candidato a la Presidencia por mi partido o no, es exclusivamente la decisión de mi partido, no mía”.

El Partido Socialista por primera vez dudaba si Salvador Allende debiera ser o no, por cuarta vez, su candidato presidencial. Su Secretario General y senador, Aniceto Rodríguez así lo planteaba: “En los primeros momentos, un amplio sector proyectó levantar una nueva figura, razonando que el nombre de Allende no era ya el más indicado por haber intentado con anterioridad tres postulaciones presidenciales, cuyas derrotas, aunque explicables, podría esta vez pesar negativamente ante el electorado”.

Sin embargo, las bases del PS decían otra cosa. En ese entonces, el Partido contaba con 35 comités regionales y durante el mes de agosto de 1969 se buscó conocer la opción de la militancia para definir quien finalmente sería el candidato. Los miembros del Comité Central viajaron discretamente por el país conversado con los dirigentes de las 35 direcciones regionales del partido, recogiendo un entusiasta apoyo de la mayoría de las directivas a Salvador Allende.

Y eso no era todo. El recorrido por los organismos partidarios en todo Chile revelaron que Salvador Allende contaba con el apoyo del llamado “pueblo socialista”, y que más allá de cualquier organización interna, su figura despertaba una adhesión mayoritaria entre las organizaciones que formaban el movimiento popular, y que “el allendismo” iba mucho más allá que el propio Partido Socialista.

A partir de este panorama, el 29 de agosto de 1969, Aniceto Rodríguez remitió una carta al Comité Central desistiendo de su postulación. Esa misma noche, el Pleno del Comité Central tuvo que tomar la decisión de si Allende era o no candidato por cuarta vez. La votación fue muy estrecha, ya que sólo ganó por un voto a favor, reuniendo 14 adhesiones, y obteniendo 13 abstenciones. Lo más llamativo fue que entre las 13 abstenciones estuvieron dos emblemáticas figuras del exilio socialista posterior, como Clodomiro Almeyda y Carlos Altamirano.

Erich Schnake destaca este hecho en sus memorias: “Salvador Allende es elegido candidato a la presidencia de la República por cuarta vez, aunque ahora con una cuota de escepticismo mucho mayor y la paradoja que siempre nos acompaña: la gran mayoría partidaria no cree en él, tanto porque es masón cuanto por su reformismo. Pero este escepticismo corre por cuenta de los dirigentes y no del pueblo socialista, que quiere y sigue a Salvador Allende”.

El 5 de septiembre, en el Senado, Jaime Suárez dio a conocer los resultados del Comité Central del PS, dando cuenta de la designación “El camarada Salvador Allende será el mejor trabajador en la materialización de la política del Partido y el mejor exponente del programa que elaboren las fuerzas revolucionarias que han de ser la base de esta postulación”.

Sin embargo, eso no bastaba. Faltaba la decisión de los aliados y en principio tampoco fue buena. El Partido Comunista, a través de su Secretario General, Luis Corvalán, declaró “nosotros no somos allendistas, somos comunistas”, destacando que ellos estarían con quien concitara la mayor adhesión de todas las fuerzas unidas de la izquierda, y por primera vez, desde 1932, eligieron su propio candidato presidencial en la figura de Pablo Neruda.

Por su parte, los radicales expulsaron a los dirigentes conservadores encabezados por Julio Durán, y nombraron al senador Alberto Baltra como su candidato. La denominada API anunció la candidatura del senador Rafael Tarud. Y el MAPU nombró a su Secretario General, Jacques Chonchol.

El compromiso de llegar con un candidato único presidencial de la Unidad Popular al 30 de diciembre no se cumplió. Muchos de los dirigentes de los partidos que la integraban consideraban que los dos años y medio de Salvador Allende como Presidente del Senado le habían generado una imagen apegado a los “viejos y tradicionales vicios del parlamentarismo”.

Pero los dirigentes no pueden tomar decisiones al margen del sentir del pueblo. Allende era conocido, su discurso inclusivo, ya que sostenía que la coalición solo triunfaría ampliándose a federaciones estudiantiles, centrales de trabajadores como la CUT, confederaciones campesinas y todos los independientes de izquierda. Confiaba que tanto las condiciones nacionales como internacionales estaban dadas para que venciera una opción popular. Tenía mas confianza en el triunfo que los propios dirigentes de su coalición.

Finalmente, el 20 de enero el MAPU difundió una declaración diciendo que apoyarían al candidato del PS o del PC. A su vez, Pablo Neruda y Alberto Baltra declinaron sus candidaturas. Después renunció el ultimo aspirante, el senador Tarud. Entonces, los principales dirigentes de la UP proclamaron a Allende.

Posteriormente, en una larga marcha que se dirigió a la Plaza Bulnes, Luis Corvalán arengó a la multitud “Trabajadores de Santiago, pueblo de la capital, queridos camaradas: Salió humo blanco. Ya hay candidato único. Es Salvador Allende”.

Esa noche, en la Alameda hubo una gran fiesta de la izquierda, con los acordes y cantos de los artistas de la Nueva Canción Chilena, con la presencia de actores y actrices comprometidos con el proceso. Comenzaba una nueva época. Conscientes de ello, se abrió un libro de adhesiones al Programa de la Unidad Popular y la candidatura de Salvador Allende Gossens. La primera firma fue la de su principal contendor el poeta Pablo Neruda.

De este modo, Salvador Allende fue ratificado como candidato presidencial el 22 de enero de 1970 por los partidos que integraron la Unidad Popular (UP) y a quienes condujo a la victoria en las elecciones del 4 de septiembre de ese mismo año.

Salvador Allende junto a Pablo Neruda en campaña presidencial

Salvador Allende en campaña presidencial en Ovalle

Salvador Allende en campaña presidencial junto a jóvenes discapacitados que portan carteles con propaganda política y el símbolo oficial de la campaña, creado por Camilo Mori.

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