A cincuenta años de la Unidad Popular: Allende y un nuevo paradigma

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Por Francisco Javier Estévez

“Estación Utopía: una obra posible”. Con este nombre, el artista visual Leonardo Portus presentó no hace mucho en el MAVI una exposición con las estaciones del Metro tal como imagina él se habrían resuelto estéticamente de haber concluido el proyecto de tren metropolitano que tenía el Gobierno de la Unidad Popular. En el proyecto original de entonces, el Metro  comenzaba su recorrido en la Estación Violeta Parra que después pasó a llamarse San Pablo. Continuaba por Alameda, y en la Unctad III la Estación tendría como nombre el de Gabriela Mistral, y bueno, subiendo, la estación final no era Escuela Militar, sino  Villa San Luis, un conjunto  habitacional socialmente inclusivo, arriba en Las Condes.

El proyecto de Metro del gobierno de Allende fue parte de una revolución utópica. Y claro, nunca Allende ni la Unidad Popular se refirieron al proceso  transformador de ese período como una “utopía”. Predominaba entonces la noción ideológica del  “socialismo científico”, esto es, que la nueva sociedad surgiría inevitablemente por la ley  misma de la naturaleza de los medios de producción. Y sin embargo el gran discurso convocante de Allende era la utopía misma, una utopía que era posible.

Hagamos un recorrido distópico. Tomemos el Metro, y bajémonos  en  Estadio Nacional,  el 5 de noviembre de 1970, con las tribunas y galerías colmadas de compañeras y compañeros, y  volvamos a escuchar un fragmento del discurso del Presidente Salvador Allende al inicio de su mandato, cuando señala cuál debe ser el ideal  que oriente la acción del pueblo y su gobierno:

“Crear una nueva sociedad en que los hombres  [todavía entonces    la palabra ‘hombre’ era un sinónimo de ‘ser humano’] puedan satisfacer sus necesidades materiales y espirituales sin que ello signifique la explotación de otros hombres. Crear una nueva sociedad que asegure a cada familia, a cada hombre o mujer, a cada joven y a cada niño, derechos, seguridades, libertades y esperanzas. Que a todos infunda un hondo sentimiento de que están siendo llamados a construir la nueva patria, que será también la construcción de vidas más bellas, más prósperas, más dignas y más libres para ellos mismos…”.

“A ustedes [se refiere a las delegaciones internacionales presentes] que han escuchado cómo la Unidad Popular llevará a cabo el programa respaldado por nuestro pueblo. A ustedes formulo  una petición: digan que aquí la historia experimenta un nuevo giro;  que aquí un pueblo entero alcanzó a tomar en sus manos la dirección de su destino para caminar por la vía democrática hacia el socialismo […] con el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano”.

Y así concluye su discurso: que cada hombre el mundo sienta en nosotros a su hermano. Un gran discurso utópico.  Salimos del Estadio. Las palabras de Allende se van con nosotros. Como un eco en la memoria mientras caminamos de vuelta al subte  de la distopía para regresar al aquí y al ahora. Tanta esperanza. Esas palabras vibrantes  se  quedan dentro de nosotros  Debemos ser protagonistas de la transformación de la sociedad. Había invocado la participación ciudadana: Vengan – les decía a los jóvenes– hay un lugar para cada uno en la construcción de la sociedad,  y citando  una consigna escrita en una muralla de París 1968: La revolución se hace primero en las personas y después en las cosas.

No se trata de nostalgia: el dolor de no poder regresar. Sí me entienden: no se trata de revivir la Unidad Popular o el Programa de las 40 medidas. Es otra cosa muy profunda, de mucho sentido. Se trata de una interpelación de Allende a nuestra actual  política de izquierdas: qué esperanzas del pueblo, qué esperanzas de  la sociedad debemos expresar y canalizar para la transformación profunda que Chile requiere hoy de cara al futuro. ¿Cuál es el nuevo paradigma por el que vale tener esperanza y orientar al país a una nueva sociedad, más humana?

Ese nuevo paradigma surgirá de la conjunción plural de las distintas utopías que actualmente le hacen sentido a la gente progresista. Esas utopías están ahí: solo es necesario salir a buscarlas y  dialogar con  ellas. Más claro aún: esas utopías están actualmente en movimiento. O somos parte de esos movimientos o simplemente nos pasarán por el lado. El movimiento feminista, el movimiento ecologista, el movimiento de derechos humanos, el movimiento por la participación ciudadana, el movimiento contra el racismo anti migrante, el movimiento de los pueblos indígenas por sus derechos, en fin… Todas estas causas utópicas son posibles, son necesarias, son urgentes.

Exordio a reunión convocada en la casa esquina de Tegualda y Lautaro,  por la Fundación Salvador Allende para su Círculo de Amigos, el 18 de marzo de 2019.

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